Crecimiento Personal Sin Fonteras

Historia “Desde el Amor”

El cuento de dos hermanas gemelas, Ángela y Luz.

Había dos hermanas que nacieron en el seno de una familia humilde. Papá y mamá no paraban de trabajar para traer comida y comodidad a sus hijas.

Las dos crecieron viendo como sus padres eran incansables, trabajando y preocupándose para que no les faltase de nada, todo organizado y perfecto.

 Ángela y Luz cumplieron dieciséis años. Ángela era una niña muy emotiva y callada, con carácter y cabezota. Luz era extrovertida, risueña y con carácter.

Siempre había habido peleas entre ellas  y sus padres,  por no sentir que estaban allí cuando ellas lo necesitaban, falta de atención y amor decía Luz.  Ángela sin embargo decía que de qué servía tanto trabajar si no le daban lo que necesitaba.

A los dieciocho se  marcharon de casa,  y cada una de ellas llevó su vida lejos de la familia y de su  hermana.

Pasaron veinte años  sin casi comunicación ni enfado, pero un día  decidieron volver a casa.

Ángela contaba a su familia lo desgraciada que había sido. Un marido egoísta que no la entendía  y  un hijo que sólo pensaba en él. Ella le dio juguetes, caprichos, estudios,  y todo cuanto pidió, pero él nunca fue agradecido con ella.

Luz contó que durante mucho tiempo se sintió igual de sola que cuando era niña. Tenía cuanto necesitaba, su trabajo le daba todo cuanto se refería a la comodidad, viajes, caprichos y cambios de vida.

Los padres las escucharon con los ojos llenos de lágrimas que ahogaban en su garganta. 

 ___Su madre habló, __Hijas, vuestro padre y yo estuvimos muchos años culpabilizándonos de que lo habíamos hecho mal, y durante un tiempo corto os echamos la culpa de vuestros reproches. Tras nuestra lucha interior, decidimos amarnos y dejar de juzgarnos, aprendimos a entender la necesidad de cada una de vosotras y a aceptarla.

__Aprendimos, __continuo diciendo la madre… a encontrar nuestra verdadera felicidad,  a valorarnos y darnos lo que necesitábamos, dejamos de trabajar tanto e hicimos aquellas cosas que siempre deseamos hacer. Cultivamos un huerto que nos enseñó a ser pacientes y a valorar las cosas que nos da la vida, creamos un jardín donde cultivamos las plantas de la zona y eso nos enseñó a no ir contra corriente, nos dimos cuenta que si queríamos una hermosa flor debíamos  movernos hacia el sitio donde era más propicio su cultivo.

Escribimos nuestras vidas y nos dimos cuenta de que no nos conocíamos,  porque no atendimos a nuestro corazón. Y en ese momento pudimos aceptarnos  a nosotros mismos y a vosotras, tal y como sois.

Adoptamos un niño huérfano y lo cuidamos como una hermosa flor, cultivamos lo mejor de él,  como la tierra,  con paciencia y valorándolo.  Le enseñamos a vivir aprendiendo a  construir un jardín,  para que comprendiera lo importante que es ser flexible en la vida. Así aprendería a vivir con lo que hay a nuestro alrededor y a dar tiempo para que se forme nuestra realidad y nuestra vida.

Igual que hicimos con nosotros mismos,  le dedicamos tiempo y cariño.  Y hoy os presentamos a vuestro hermano, Gabriel.

 

Las hermanas clavaron sus pupilas en él.  Era un chico alto y fuerte, de piel morena, pelo castaño dorado, y ojos color verde y miel.

__Él les dirigió unas palabras __No os pido que me queráis, sólo que me conozcáis y me deis una semana con cada una de vosotras para que decidáis si soy vuestro hermano o un intruso.

Los padres, Sol y Luna, les pidieron compasión para aceptar a su hermano Gabriel.

Las hermanas accedieron, Ángela fue la primera…

 Gabriel  la llevo al huerto, al jardín, la hizo cansar y reír, hicieron cenas y pasteles, caminatas y charlas sin fin. Ángela cada día dormía mejor, y ya no recordaba su anterior estado de vacío.

Una noche se despertó. Su corazón latía fuerte y sentía un suave calor. Se emocionó, pues nunca se había sentido tan plena y tan bien por su esfuerzo. Se valoraba y valoraba el esfuerzo de los demás. Su cuerpo se inundó de una suave energía de los pies a la cabeza. Ella quieta, casi sin respirar,  sintió su cuerpo vivo y sintió su piel, la emotividad y todo su ser. En ese momento entró su hermano Gabriel como un halo dorado, flotando en el espacio de la habitación, sus ojos eran más brillantes y su tez más blanca, los cabellos de luz dorada.  Se acercó a Ángela y le sonrió, la llevó de la mano y salieron al exterior.  Ángela sintió la noche como nunca, había un cielo lleno de estrellas. Él la llevó al jardín, le regaló una flor de color púrpura y la prendió en sus cabellos morenos.

Le pidió que cerrase los ojos y así lo hizo Ángela. Sintió su cuerpo más sutil y sin darse cuenta comprendió cuanto  sucedió en su vida. Sintió un despertar interior, se dio cuenta del esfuerzo de sus padres y de que en realidad sí la quisieron, pero como ellos se sabían querer a ellos mismos, hicieron lo que pudieron. Se acordó de su hijo y comprendió que lo llenó de bienes materiales,  pero no le enseñó a quererse y valorarse, ni a sentir la vida desde dentro de sí mismo. Comprendió que no lo pudo hacer mejor porque el enfado que tenía por no sentirse querida, que no le permitió ver que no sabía quererse a sí misma, de la misma forma hizo lo que pudo igual que sus padres.

Todo estaba muy claro, se sintió serena y llena de posibilidades para cambiar su vida y crear otra realidad con su hijo. Sintió la existencia de lo que la rodeaba y su fuerza interior, su capacidad de amarse y amar, de  valorar la vida y las pequeñas cosas.

Lo que más le sorprendió es que no era un sueño, Ángela estaba junto a su hermano Gabriel, apoyada en su hombro en el jardín de la casa, y allí se quedó, sin mediar palabra, sintiéndose plena hasta el amanecer.

Pasaron unos días y Gabriel quedó con su otra hermana, Luz en el centro de la ciudad.  Luz llegó como una exhalación, perfectamente conjuntada, maquillada y con aires de princesa, con unas gafas que no dejaban ver su rostro por su tamaño.

Se sentaron en una terraza muy trascurrida. Desde que Luz llegó no paro de quejarse de cuánta chusma había en este pueblucho.

__ Gabriel le dijo __es una ciudad

__Luz ya, ya

 Contestaba ella nerviosa e irritable.

__ Gabriel __ ¿Qué te hace enfadar tanto?

__Luz, lo poco exquisitos que son aquí.

__Ángel la observó y habló. __ pero tu vienes de una familia humilde, igual que muchas de estas personas.

Ella se retiró las gafas con rabia.

__Luz __uno se hace a sí mismo, era lo que era en aquel momento y no reconocía a su familia. Que ella había luchado por ser quien era, por conseguir un estatus, y se sentía muy bien con su vida.

__ Gabriel __y entonces, ¿por qué estás enfadada? 

 Ella no le contestó, y él siguió hablando… Mira, estamos en el sitio más exclusivo de la ciudad, donde tú te puedes sentir mejor, y sin embargo no te sientes bien, estás rodeada de personas y te sientes sola, te disfrazas de alguien importante porque tú no puedes ver tu verdadero yo interior, el que realmente importa y vale.

Luz se levantó, __ No estoy dispuesta de que una persona que ella no conocía y no era su amigo, estuviera faltándole al respeto.

Gabriel bajó la cabeza y le pidió disculpas, pero para entonces ella se había levantado y marchado.

Luz, montada en cólera,  lloró dentro de su coche. Sabía que lo que Gabriel decía era verdad. Dentro de ella había una chiquilla que estaba deseando que la amasen, por sus sentimientos íntimos y por su persona, y sólo se había tropezado con engreídos como ella con máscaras de prepotencia.

Se le hizo la noche y salió del coche dirigiéndose a una playa cercana. Vio una figura y se puso a caminar en la otra dirección, pero se la volvió a encontrar una y otra vez. Por mucho que ella cambiaba de dirección, se la seguía encontrando. Al final, agotada, desconcertada,  y con miedo, no atinaba a salir de la playa.

De repente se arrodilló en la arena, se soltó el pelo y se sacó todos los colgantes, pulseras y anillos,  se descalzó y se tumbó en la arena, sollozando.  Sintió que alguien estaba junto a ella y se sobresaltó. Vio que era su hermano. Él la miró con cariño y le diciéndole __toda la vida has huido de ti misma, __¿te das cuenta?,  y eso te ha dejado agotada y sin fuerzas, enferma y enfadada contigo y con el mundo.

Gabriel le tomo la mano suavemente y se la mantuvo unos instantes, de repente  él le dijo __ ven a la orilla.

Había una gran luna y pocas estrellas, pero las que había eran grandes y brillantes y el mar parecía plata al reflejo de la luna. Él la hizo mirar al horizonte…

__ Gabriel __ respira Luz, no tienes que aparentar nada, estás con quienes te aman, tu Espíritu y la noche, ¿ves la luna, ¿qué hermosa es? __ contestó ella.

__ Gabriel__ La luna es preciosa porque se muestra tal como es. Por el amor que ella emana, enamora a los ojos que la ven.

Gabriel miró a Luz a los ojos __ Sabes, eres tan hermosa como ella, tus ojos son dos estrellas de luz del color del mar azul. Tienen unos cabellos castaños con suaves ondas como las olas del mar...  “Luz temblaba al oír sus palabras”.

Gabriel la abrazó por la cintura y rodeándola le dijo __Tu enfado de hoy viene por mí, por lo que sientes. Tienes miedo a querer y a que te quieran.

Ella se abrazó a él llorando,  y soltándolo a la vez, salió corriendo. Gabriel la siguió, y cogiéndola cayeron al mar por un pequeño escalón de piedra. Ambos quedaron sumergidos.

En su profundidad se encontraron, uno enfrente del otro. Se miraron hasta que ya no pudieron respirar más, salieron fuera y flotaron en el mar cogidos de la mano, dejando que el mar eligiera su destino. Pasado un tiempo Luz reaccionó acercándose a él, estaban junto a la orilla. El mar los devolvió a la tierra.

Él la cogió en brazos y la llevó a la arena, la dejó en el suelo muy lentamente, y por fin sus labios se unieron en un largo beso.

Luz encontró su amor por sí misma y aprendió a valorar las pequeñas cosas, dejó su estilo estirado y se convirtió en la muchacha sencilla que llevaba dentro, descansó de su lucha y escribió libros de autoayuda, creó un centro para niños huérfanos y sí, se casó con Gabriel.   Tuvieron dos hijos, Luna y Estrella.

Su hermana Ángela se reencontró con su hijo, se volvió a enamorar y es feliz.

 

Sus padres murieron en un corto plazo, pero cada día amanecía su padre Sol y por la noche su madre Luna, así los acompañaban. Y en el firmamento dos nuevas estrellas formaban unos enamorados, sus padres.

La falta de sus padres no los entristeció, los hizo más grandes y más cercanos, pues la experiencia de la vida les hizo ver quiénes eran en realidad, Un Gran Ser de Luz y  Amor.

Nota: Espero que esta pequeña historia os haga reflexionar. Que el enfado de vuestro plexo no os impida sentir vuestro corazón, y así poder seguirlo para encontrar la felicidad aprendiendo de la vida y de todo cuanto nos rodea.

 

                            Un fuerte abrazo, Uné Romero.

Uné Romero con Crecimiento Personal sin Fronteras

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